
Ajustar la temperatura adecuada en la fabricación de biosensores
Al fabricar biosensores, los ciclos de curado y secado suelen ser los puntos en los que surgen problemas. Si se intenta utilizar hornos convencionales para este proceso, rápidamente se comprende que no son eficaces. Son demasiado lentos.
Por eso recurrimos a sistemas de infrarrojos. En lugar de calentar el aire, los sistemas de infrarrojos envían energía directamente al objetivo. De esta manera, se alcanza la temperatura deseada en cuestión de segundos. Además, esto permite ahorrar mucho espacio.
Por qué el control digital es importante
Lo importante es que el sistema de calefacción debe poder comunicarse con el PLC. Utilizamos lámparas de infrarrojos junto con controladores PID, de modo que la cantidad de calor generada coincida exactamente con los datos registrados.
En un entorno basado en datos, el mayor problema suele ser el “retardo térmico”: ese incómodo retraso entre el momento en que se ordena a la máquina que se caliente y el momento en que realmente lo hace. Con los sistemas de infrarrojos, ese retraso prácticamente desaparece. Basta con encender un interruptor para que haya calor disponible. Es la única forma de asegurarse de que la primera pieza producida sea exactamente igual a la decimoquinta milésima.
Compromisos relacionados con el hardware
Dependiendo de lo que esté hecho el sustrato del biosensor, generalmente utilizamos elementos de cuarzo de onda corta o media.
Para reducir los tiempos de ciclo, se necesita mucha potencia en un espacio reducido. Pero hay un problema: aplicar tanta potencia en un tubo tan pequeño genera un gran problema de sobrecalentamiento. Si se utilizan estas lámparas al 100% todo el tiempo, el revestimiento y los cables deben ser resistentes. De lo contrario, los conectores se derretirán.
Integración en la fábrica
Mantenemos los cables modulares, ya que nadie quiere pasar todo el día recalibrando una máquina solo porque una bombilla se ha quemado. Utilizamos conectores estandarizados, de modo que cuando una lámpara llega al final de su vida útil, basta con reemplazarla por otra nueva.
Y como la salida de infrarrojos está conectada al sistema de monitoreo central, se puede saber exactamente cuánta energía se está utilizando por unidad. Esto permite tener una visión clara del costo térmico de cada sensor producido.